viernes, 20 de enero de 2012

Fantasmas en las Tinieblas



Las suaves sábanas que tantas noches me habían arropado, se tornaban ahora ásperas y rudas. Constriñendo mi cuerpo cual camisa de fuerza. En la calle, una lúgubre noche acrecentaba el sadismo de las pesadillas. Habiendo resuelto torturarme hasta el amanecer. Una tras otra descargaba sus garras sobre mí, desgarrando músculo y tendones; ensuciando mi prisión de un carmesí color.

Finalmente consigo abrir los ojos y despertar de aquel grotesco sueño. Pero de nada sirve, pues la carne sigue aun herida. Causándome dolor y sufrimiento.

Me sangran los globos oculares, intentando mitigar la agonía de mi alma. De nada sirve. Bajo de nuevo los párpados, tratando huir así de la realidad.

 - Ayúdame... -. Susurro en la oscuridad.

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