La nada se abre paso a través de todos los recovecos de la inconsciencia; el aliento, observa expectante cómo se sucede el paso del tiempo a través del polvoriento reloj.
Ya ha pasado otra hora.
La mente se inquieta, los huesos crujen, intranquilos, y los ojos aún continúan vigilantes a través de los párpados. Llevan la cuenta de ovejas invisibles...
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